Recuperar la Espiritualidad en el Arte
por Elizabeth Ela
El arte italiano contemporáneo ha llegado al Museo de Caballeros de Colón en New Haven, Conn., desde un reencuentro con obras bien conocidas del Renacimiento hasta expresiones conceptuales del hombre en busca del sentido del universo.
“El Arte de Antonella Cappuccio: Pinturas Italianas Contemporáneas” es la nueva exposición del museo, abierta al público hasta el 4 de octubre de 2009.
Antonella Cappuccio nació en 1944 en la isla italiana de Ischia, y actualmente vive y trabaja en Roma, donde ha producido obras por encargo del Vaticano, el Cuerpo Militar Italiano y el gobierno.
Las obras que se exhiben cubren una variedad de estilos y técnicas – desde bocetos sobre papel hasta una montaje tridimensional gigante en homenaje al arte italiano – y muchas de ellas se acompañan de poesía, que para la artista ayuda a despertar las emociones que debe transmitir la pintura.
La pintora es una ferviente defensora de la preservación de las técnicas artísticas clásicas, y sus obras transmiten una sensación de significado, con formas basadas en la realidad y la experiencia humana. Esto contrasta, dice, con el hecho de que el arte moderno ha perdido el sentido religioso y tiende a centrarse en sí mismo, en una “auto expresión”.
“El arte moderno no tiene espiritualidad”, dijo Cappuccio, expresándose con ayuda de un traductor en una entrevista tras la presentación de sus pinturas en la galería del museo.
Aun sus pinturas más abstractas – una que pintó como reacción a los ataques terroristas del 11 de septiembre, por ejemplo – usan símbolos comprensibles para expresar la emoción.
Fuertemente impresionada por la noticia de los ataques, empezó a pintar el 12 de septiembre y terminó una semana más tarde, cuando la mayoría de sus obras le llevan por lo menos un mes.
La propia obra revela la sensibilidad de una artista ante las emociones que se desataron tras los ataques terroristas. Representa a un hombre y una mujer abrazados – sus cuerpos aparecen como la tierra contra el mar – y surgiendo de una arena negra con las palabras “11 de septiembre de 2001” escritas en ella.
El amor, la unidad y la fraternidad emergen de la oscuridad de la tragedia, explicó, así como el mar y la tierra surgen de la arena negra.
Un excelente ejemplo de la devoción de Cappuccio por los grandes maestros italianos es un ciclo de pinturas basadas en las obras de arte del Renacimiento, incluyendo la Primavera de Botticelli.
En el cuadro original, Venus, diosa del amor y la belleza, se encuentra en el centro, rodeada de otras deidades, de ninfas y signos de la llegada de la primavera.
Pero la versión personal de Cappuccio de esta obra clásica es un comentario sobre la forma en que la modernidad adora la juventud: La escena está vista desde atrás, pues la hermosa diosa junto con sus acompañantes se han pasado de largo.
“Actualmente”, dijo Cappuccio, parece que “el único valor [es] ser joven y bello.”
Otro uso moderno de una pintura antigua – un intento por despertar ideas nuevas, explica la pintora – es Amor Ausente, basada en el cuadro de Tiziano Amor Sacro y Amor Profano.
La obra de Tiziano presenta a una novia y a Venus, ambas representando el amor, sentadas en una fuente en medio de un paisaje campestre idílico. En su versión, Cappuccio quitó los cuerpos y dejó sus ropas. La fuente está seca y las ovejas de la lejana pastura han sido devoradas por un lobo.
La ausencia del amor en este cuadro, explica la pintora, significa el “adiós” de la modernidad a Dios y sus valores.
La conciencia de esta pérdida – tanto en mundo del arte como en la humanidad en general – es lo que impulsa la pasión de Cappuccio por su propia obra.
Estrellas Penetrantes, por ejemplo, presenta la gran expansión azul oscuro de la galaxia, con rasgos del rostro y los brazos de un hombre apenas visibles entre nubes de estrellas. Es uno de tres cuadros de una serie sobre el espacio exterior.
El hombre trata de alcanzar el universo, dijo al explicar este ciclo, y es un deseo que en última instancia indica la necesidad de Dios.
En su arte sacro, en especial, ella trata de expresar las verdades religiosas desde el fondo de su corazón, de provocar preguntas sobre “los valores que el mundo ha perdido” y de recuperar un sentido de espiritualidad por medio del arte.
“Somos seres humanos”, dijo. “Debemos sentir algo cuando miramos [una obra de arte]”
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