La castidad – un bosquejo

La castidad – un bosquejo
Francesco Solimena (Italiano, napolitano, 1657-1747)
Oleo sobre tela
49 1/2 x 68 5/8 pulgadas
COLECCIÓN DE ANTIGUOS MAESTROS

Este modelo (un boceto preparatorio) es para uno de los frescos de las enjutas (áreas entre los arcos y el borde de un domo) en la iglesia de SS. Apostoli en Nápoles. Tradicionalmente la figura se identifica como la Virgen Inmaculada o la Alegoría de la Pureza, cuando de hecho, es la personificación de la Castidad, una de las siete virtudes celestiales que protegen contra la tentación de los siete pecados capitales.

Se refiere a la Asunción de la Virgen María y corresponde a la representación simbólica del tema que recuerda la leyenda del Apóstol Santo Tomás, que no fue testigo de la Asunción de la Virgen al Cielo y dudó de su asunción corporal. Al encontrar vacía su tumba, miró al Cielo y contempló a María que era transportada hacia arriba por una hueste de ángeles. María, compadeciéndose de su debilidad, dejó caer de su vestido el cinturón o cinta, para que él pudiera ver y creer.

Aquí, el cinturón sirve como un tributo de la Virgen, significa su castidad. Otro símbolo, el lirio, es la flor de la Virgen, señal de la pureza que ella conservó entre los pecados del mundo.

Solimena presenta a la Virgen con todo su atuendo, al ser elevada por los ángeles en una nube hacia el Cielo, entre los inmensos remolinos de pliegues en forma de cascada de su vestido blanco y su manto azul que cae con delicadeza detrás de ella. Observa desde arriba al soltarse el cinturón para que descienda hasta el “Incrédulo Tomás”. Solimena agregó elementos de claroscuro al modelado de la composición.

FRANCESCO SOLIMENA
(Canale di Serino 1657-1747 Barra)

Solimena fue una de las más célebres e influyentes figuras en el arte napolitano, que dominó virtualmente la escena de finales del Siglo XVII a mediados del Siglo XVIII. Además de su carrera como pintor, también incursionó en la arquitectura diseñando tumbas y altares.

Solimena, llamado el Abate Ciccio, nació en Serino, Italia, en 1657 y se convirtió en uno de los principales pintores italianos de decoración y en una de las figuras más influyentes o representativas del estilo barroco del arte napolitano de finales del Siglo XVIII. Su legado más valioso puede encontrarse en las iglesias de Nápoles, donde los interiores y los domos fueron transformados en maravillas luminarias.

Durante sus últimos años, también encabezó una influyente academia napolitana que produjo gran cantidad de célebres artistas. Solimena murió en Nápoles en 1747 a los noventa años de edad.

Muchas de sus obras pueden encontrarse en numerosas colecciones públicas y privadas en todo el mundo.